Si Te Preocupas Por Tu Salud

Hace varios años me hallaba en la sala de espera del piso decimosexto de la famosa Clínica Mayo. Ese día me presenté porque varias semanas antes, una enfermedad grave del corazón casi me quitó la vida. Centenares de otros pacientes también esperaban con paciencia la atención médica.
Mientras observaba a las muchas personas, pensé en las muchas actividades y planes que tuvieron que suspender para buscar la restauración de su salud. Cuando se enteraron de la seriedad de su condición física, todo lo demás disminuyó en importancia. Todo tomó segundo lugar: la reunión de negocios, las vacaciones tan esperadas, la maestría.
Luego pensé en lo que pasaría si la gente se preocupara de igual manera por los síntomas de la enfermedad espiritual. ¡Imagínate los resultados, si la gente dejara todo lo demás para buscar la salud espiritual con el mismo fervor y seriedad de los pacientes de la Clínica Mayo!
Y a ti, amigo, ¿qué te preocupa más: las necesidades físicas o las espirituales? ¿Has buscado al Médico Supremo para curar el cáncer fatal de pecado con la misma solicitud que sentirías si tuvieras cáncer en tu cuerpo?
Es importante cuidar el cuerpo. Pero las palabras de Jesús revelan cuál debe ser nuestra primera preocupación: "Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar [enfermedad, guerra, heridas, enemigos]; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno" (Mateo 10:28).
Aunque algunas enfermedades son la consecuencia directa del abusar nuestro cuerpo y nuestra mente, las enfermedades no siempre son el resultado de nuestro propio pecado. La enfermedad y el sufrimiento existen porque nuestros cuerpos son parte de una creación sujeta a corrupción por causa del pecado.
Aquellas personas que se preocupan solamente por las enfermedades físicas, cometen el error fatal de preocuparse por los síntomas temporales, mientras que ignoran su causa.
El Propósito de Dios en la Enfermedad
Todos necesitamos a Dios. Pero nos olvidamos de este hecho muy fácilmente cuando todo va bien. En nuestras mentes, empujamos hacia los oscuros rincones del olvido el hecho de que tenemos que aparecer ante el tribunal de Dios.
A veces, es solamente por medio de una enfermedad o un accidente serio que Dios capta nuestra atención. ¡Qué tontería es no prestar atención a las advertencias que él nos da! El recobrar la salud física sin encontrar la espiritual es sólo posponer (no cancelar) nuestra cita con Dios.
Los pacientes de la Clínica Mayo prudentemente buscaron la ayuda de médicos expertos. Sin embargo, algunos salieron de allí sin la esperanza de mejorar o aun de seguir viviendo. Los médicos humanos tienen limitaciones. Pero el médico Jesús nos garantiza la salud espiritual si seguimos sus instrucciones. Ningún caso es muy difícil para él. El nos promete: "Y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón" (Jeremías 29:13).
Dios mira la condición de nuestro corazón en todo momento. Sin necesidad de rayos X, Dios nos diagnostica correctamente. El nos dice: "No hay justo, ni aun uno . . . no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno . . . por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios" (Romanos 3:10, 12, 23).
Los que dicen estar espiritualmente bien y no conocen a Jesucristo como su salvador personal, no están nada bien.
Además, Dios declara que el problema del pecado es fatal en todos los casos. "Porque la paga del pecado es muerte" (Romanos 6:23).
Si no has buscado a Dios para que cure tu pecado, no tienes esperanza de vida. El pecado te llevará a una muerte eterna.
He aquí la cura que Dios nos ofrece:
"Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna" (Juan 3:16).
"Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación." (Romanos 10:9, 10).
"Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos" (Hechos 4:12).
Cristo Jesús es la cura de Dios para un mundo enfermo de pecado. Ningún otro remedio puede curar el pecado.
Amigo, te suplico que halles la salud espiritual en Cristo Jesús, y así las enfermedades físicas no serán una amenaza de indecible sufrimiento eterno para ti.
SI QUIERES SANIDAD ESPIRITUAL
Arrepiéntete
Arrepentirse quiere decir darle la espalda al pecado. Y es eficaz solamente cuando nos damos cuenta de que hemos pecado contra un Dios santo.
"Tu maldad te castigará, y tus rebeldías te condenarán; sabe, pues, y ve cuán malo y amargo es el haber dejado tú a Jehová tu Dios, y faltar mi temor en ti, dice el Señor, Jehová de los ejércitos" (Jeremías 2:19).
"Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados" (Hechos 3:19).
Confiesa
Confesar quiere decir que verbalmente reconoces que has pecado y que necesitas a Jesús como tu Salvador y Señor.
Los siguientes versículos te ayudarán:
"Porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre delante de mí" (Salmo 51:3).
"Dios, sé propicio a mí, pecador" (Lucas 18:13).
"Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad" (1 Juan 1:9).
"Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo" (Romanos 10:9).
Cree
Creer quiere decir que completamente aceptamos lo que Dios dice, y que actuamos como él requiere.
"Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan" (Hebreos 11:6).
"Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo" (Hechos 16:31).
"Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios" (Hechos 8:37).
La salud del espíritu es la verdadera medida de la persona.



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